Un viaje al fondo de Fabricio Oberto

Un viaje al fondo de Fabricio Oberto 5

Fabricio Oberto está sentado enfrente de la profesora de canto. “A ver, abro bien las costillas”, le dice ella, después de haberle pedido un agudo. Oberto se infla con suavidad. La profesora lo acompaña tocando el piano. Tiene anteojos, dos aros que son como medallas de plata, pelo corto; parece Liliana Herrero pero con un flequillo stone. Oberto sube, entona, la voz se le raspa, le sale mal. “Ah, estás cansadito …”, le dice la profesora, y la música sigue. Oberto vuelve a inflarse, lo intenta otra vez. Es un nene de nueve años al que lo mandaron a clases particulares para ver si se engancha con algo. Nueve años: más o menos la misma edad en la que el nene se juró —se dijo — que iba a jugar en la NBA .
La escena con la comienza esta nota es una de las tantas de la ópera prima que el pivot que fue subcampeón del mundo, campeón olímpico y campeón de la NBA estrenará este jueves en nuestro país. Reset una mezcla de documental con road movie, podrá verse a las 20 en Cine.arTV (canal 300 de Cablevisión Digital y, luego, desde el viernes 5 de junio al 12, gratis, en la plataforma Cine .ar). El nombre — la dirección es de Alejandro Hartmann – tiene dos explicaciones, una obvia y otra biográfica. La obvia: después de retirarte, te tenés que resetear. La biográfica: entre 2007 y 2009 a Oberto le detectaron una arritmia congénita y le apagaron y le prendieron el corazón tres veces, una por año, incluso en la última estuvo clínicamente muerto durantiduuranteuenteuranteuranteuranteuenteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuranteuenteuranteuranteuranteurantenu Cuatro segundos, cuatro segundos estuvo su mente en un lugar desconocido, lo mismo que –de alguna manera– está viviendo ahora, a sus 45 años, en este mundo de acá.
¿Cómo será si un día tu vida desaparece? ¿Qué se hace si de repente, una mañana, típica escena de película pochoclera, tus superpoderes se esfumaron, no los tenés más? ¿Hasta dónde podrá desordenarse la mente si tenés que ser otra persona, pero con la memoria de la anterior?
A siete años de haberse retirado, Oberto viaja por Argentina y Estados Unidos a reencontrarse con sus amigos de la Generación Dorada. Ésa sería la línea de tiempo, la sinopsis breve y sencilla de Reset . El problema es que Oberto lleva, con él, una pregunta: ¿cómo están? Y la pregunta que late todo el tiempo es, en realidad, cómo está él.
Reset es el primer documental de un deportista argentino cuya guía es el mismo hombre que se va a retratar. Es un compilado de charlas, un diario íntimo al aire libre: es, ante todo, una road movie demencial. Ochenta y siete minutos en los que Oberto va a pescar con Magnano viaja en la ruta con Pepe Sánchez escala el Aconcagua, toca con su3 band ] Los New Indians en un boliche de Capital Federal ; da una clínica con Wolkowyski ensaya canto con la profesora de piano, se pone a mirar jugadas suyas en los Spurs ; se encuentra con Nocioni en los Estados Unidos se hace un chequeo medico, hace pesas en el gimnasio, va a la casa de montecchia a ver un partido la NBA . Ginóbili lo filma mientras le están por resetear el corazón en un quirófano, Sconochini le enseña a jugar al paddle, se pone a tirar al aro con Delfino plaza cualquiera de Santa Fe . Anda en moto por el Desierto del Sahara comenta básquet, viaja a San Antonio viaja a la despedida de Leo Gutiérrez en Mar del Plata viaja al fondo de sí. Es eso. Fabricio Oberto viaja al fondo de sí.

Y lo que encuentra es un ruido que no sabe cómo apagar.

“No, yo estoy tranquilo, bien. No siento la necesidad de … —le dice Ginóbili – qué sé yo … andar en moto por el Sahara mandarme hasta allá ”.
“Pero — le dice Pepe Sánchez – ¿podés convivir sin la presión, vos?”.
“El deporte es salud. Sí, claro, para vos es salud —le dice Nocioni -, que salís a dar dos vueltas a la plaza. El deporte profesional no es salud. Nosotros llevamos durante 20 años el cuerpo al extremo. Tengo 40 y no pasa un día sin que me duela el cuello, no lo puedo girar. ”
“La competencia — le dice Delfino – es un animal que te mata”.
“Pero escuchame — le dice Magnano los dos solos comiendo un asado, sentados a una mesa al lado del río — vos … ¿te gustaría seguir jugando o no?”.

Oberto tiene 45 años y su último partido como profesional fue siete años atrás. La semana pasada TNT Sports charló con él en una de nuestras entrevistas por Instagram Live. Hubo un momento en el que obviamente se detuvo en Reset su búsqueda, su significantado. Su necesidad.
“Retirarse — dijo — es como si de repente te llevaran a otro planeta:‘ Bueno, mirá, ahora vas a vivir acá ’. Y no te dejan hacer nada de lo que hacías. ‘Pero yo hago esto desde los siete años, lo quiero hacer, es lo que hago yo’. ‘No, no, podés’. No te dejan. Ahora, de repente, tenés que hacer esto otro, que no sabés qué es. Mientras en la élite sos una máquina de entrenar, ganar, entrenar, competir, ganar, jugar, acá estás obligado a ser más humano. Se te desarrollan los sentidos, sentís más. Me pasó con la banda de música: tenés que conectar. O sea, en la cancha también conectás, están tus compañeros, jugás en equipo, pero hay un rival, y al rival no podés demostrarle cómo estás. ¿Te duele un tobillo, te frustraste porque algo salió mal? No le demuestres nada. No podés demostrarle nada. El deportista no puede demostrar debilidad. El barco siempre a flote. Te pueden ganar porque son mejores o porque jugaron mejor al basquet, pero psicologicamente no te pueden ganar nunca. Y después, en la banda, acá, cuando escribís, cuando tocás, lo que estás haciendo es todo lo contrario, que es justamente contando lo que te pasa, expresándote. Hay que escuchar, hay que sentir, hay que sacar, hay que conectar. Lo más parecido a la adrenalina de salir a la cancha lo encontré ahí, en ese momento. Con la banda. En un escenario. Tocando rock. "
Con la banda, en un escenario, tocando rock: uno de sus tantos intentos de lograr esa electricidad. En estas semanas, mientras tanto, probó con uno nuevo: se resucitó en otraimensión. A Oberto le gusta jugar al videojuego NBA 2K . Así que fue y se hizo a él. Pelo largo, misma altura, mismo peso de cuando jugaba. Empezó en un campus universitario y hace poquito lo llamó un equipo de la NBA . Un equipo de Texas . Siete años después de haberse retirado — mismo peso, misma altura— Fabricio Oberto ha firmado con los Spurs .
—Y ya jugué dos partidos
—¿Y, qué tal?
—Bien, bien. Ganamos.
—No, pero qué tal vos.
—¿Ah, yo? Óscar. Todo Óscar. Cero puntos, cero rebotes, cero asistencias. O, o, o. Óscar, Óscar, Óscar.
En la vida de Oberto la historia de Oberto quizá vuelva a empezar.

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